domingo, 31 de julio de 2011

thirty-first day - 30th day

Ayer nos levantamos de nuevo extremadamente pronto, yo hice mi maleta y después de desayunar nos montamos en mi querido Chevrolet Suburban rumbo a Nashville (Tennessee). En el camino nos paramos en uno de los millones de Waffle Houses que había para tomar un café, aunque evidentemente como a mí no me gusta el café, no tomé nada. El viaje nos pareció largo (no sabíamos lo que nos esperaba... ) pero hicimos muchas cosas: yo me leí un capítulo más del libro de la autoescuela, escuchamos música... pero lo mejor es que habíamos cogido en la biblioteca unos audiolibros de Harry Potter (cuyo cumpleaños es hoy, 31 de julio, añado). Pusimos Harry Potter and the Prisoner of Azkaban y ahí fuimos escuchándolo.

Al llegar a Nashville, nos dimos cuenta de que había que atrasar el reloj una hora más (¡ahora hay siete horas de diferencia con España!), y también nos dimos cuenta de que teníamos un hambre voraz, por lo que nos fuimos a buscar un sitio para comer. Finalmente entramos en un restaurante que se llamaba Demo's, y nos tocó una camarera que se llamaba Joy y que era extremadamente simpática. Después de comer caminamos un par de calles a la derecha y a la izquierda y llegamos a Broadway. Se puso a llover, así que entramos en una tienda que nos desveló la verdadera naturaleza de Nashville: country, cowboys... en resumen: América. En la tienda esta vendían botas de cuero de cowboy, a cada cual más fea, pero he de decir que las más baratas costaban aproximadamente unos 400$. 

Como dejó de llover fuimos viendo toda la calle esta de Broadway, alucinando con que los bares y karaokes (y todos los bares eran karaokes) estuvieran llenos a las tres de la tarde. Yo me sabía algunas de las canciones que cantaban (por ejemplo "Wagon wheel", de Old Crow Medicine Show), y un señor vestido de vaquero me animó a entrar en su bar... pero no estoy autorizada: ¡maldita ley de los 21 años!

Nos tomamos un helado (homemade flavor) y nos fuimos a Centennial Park, que tiene una réplica bastante "accurate" del Partenón de Atenas (aunque este está entero, nada de ruinas). A continuación, nos fuimos hacia el río Cumberland (¡nada de Mississippi Teresa!), ya que habíamos reservado una cena en un barco de palas, de esos de los que salen en los Simpson (y en Tom Sawyer y Huckleberry Finn). 

Después de un par de anécdotas divertidas: 
Hombre encargado de un barco:  No pueden bajar, no hay seguridad, no hay socorristas... 
Yo: No se preocupe: yo soy socorrista. 
Hombre (riendo con desconfianza): Bueeeno... (¡ZAS! Y se dio con una reja en la cabeza. ¿Castigo divino? Saquen sus propias conclusiones).

Nos montamos en el barco, estuvimos dando una vuelta por los diferentes decks, yo entré en la tienda de souvenirs dos veces: cuando no había nadie vi todas las cosas, sentí una enorme tentación de comprarme un sombrero (a lo que se sobrepuso mi oposición a comprar en tiendas de souvenirs) y salí tranquilamente. Después volví, con gente, para enseñárselo y casualmente la tienda estaba abarrotada de gente. ¿Qué pasó? Sin querer, le di un golpe a una mesa con varios expositores, y pensé: ¡vaya, casi lo tiro! Así que me di la vuelta por si acaso había quedado algo fuera de su sitio. Con tan buena suerte (como siempre) que al girarme le volví a dar otro golpe, esta vez definitivo. Cajas llenas de pendientes, pulseras, pins y colgantes por todo el suelo de la tienda: geeenial. La señora solo decía: it's OK, it's OK... claramente para que me fuera de allí, pero... qué vergüenza...

Luego ya cenamos, en un comedor como de una boda, y después hubo una actuación de country music, de antes y de ahora, que estaba bastante bien, yo personalmente me lo pasé genial. Cuando se acabó, desembarcamos, nos volvimos al hotel y... ¡a dormir!

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