Hoy
hace 334 días que me fui de Atlanta, Georgia, Estados Unidos. Me gusta mucho
volver, pero tampoco os penséis que llevo la cuenta exacta. Soy rigurosa con
esas cosas, pero no tanto. El tema es que 9 horas en el avión dan para mucho, y
no sé, pues te da por pensar en todo un poco. Y usar la calculadora del iPhone,
que la otra se me ha olvidado en Madrid.
Y
eso, centrándome en el tema: ¡que hoy vuelvo a América! Debería estar aquí ya,
desde hace un tiempo, pero debido a ciertas personas facilísimamente
criticables (pero que no van a leer esto y por tanto paso de criticarlas),
hasta hoy no he podido venir.
El
día de hoy ha sido de esos que los tienes para enterrar en el olvido. Por el
tedio, principalmente. Porque tantas horas en un avión (y desde aquí hago un
llamamiento a todos los ingenieros aeroespaciales del mundo) son bastante
horribles, y mucho más en la soledad en que me he encontrado yo.
Por
la mañana ha sido lo típico… hasta poco más de una hora de levantarme, ya que
por extrañas causas, me han llevado al aeropuerto mi madre… y Guillem. Pero eso
es otra historia. Aunque he de decir que me ha hecho mucha ilusión.
Después
de la facturación y de amargas despedidas (esto es un recurso literario, de
amargas nada, que tenía yo más ganas del exilio…) he pasado los controles de
pasaporte, policía, y demás Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que se
ve que tengo pinta de delincuente internacional o algo así (¡y eso que no han
visto los pinchazos que llevo en los brazos!) y he procedido a la compra de la
revista por la que seré criticada durante semanas, pero que me da igual
realmente: la Cuore. Y es que la Cuore es y será la revista oficial de viajes,
por insustancial y absurda, principalmente.
Tras
esta importante adquisición me he dispuesto a pasar el tercer (y último)
control de pasaportes, en la zona exclusiva para América. Y claro, la ven a una
sola, indefensa, con maleta, mochila, carpeta, sudadera en la mano, desafiando
las leyes de la gravedad con la tarjeta de embarque y el pasaporte… y se van a
vacilar. El señor de Delta controlando, se ha quedado mirando mi pasaporte
detenidamente. Y yo rogando a los cielos porque no hubiera ningún fallo,
estuviera en rigor y que realmente fuera el mío (podíamos haber dado el
cambiazo perfectamente con tanto control). Tras una minuciosa exploración de
cada mm2 del mismo, el hombre ha hablado. Y todos los allí presentes
hemos pensado en la frase tan inteligente que debería decir y todos los allí
presentes nos hemos quedado con la misma cara cuando lo que ha soltado ha sido:
“¡Coño, que sois hermanos!”, señalándome a mí y al Guardia Civil que estaba en
la fila del Sky Priority. En ese momento ha habido una especie de tensión entre
nosotros dos, rogando que no fuera por el parecido físico, pero al menos ha
sido breve la incertidumbre, hasta que nos hemos enterado de que nos
apellidábamos igual. Los dos hemos respirado aliviados mientras el hombre se
reía de una forma un tanto histérica, hemos sonreído y él ha seguido con su
trabajo y yo me he ido a buscar la puerta de embarque.
Después
de ese momento tan tenso yo ya creía que iba a ser todo fácil, pero me faltaba
lo peor: hacer una foto a la puerta de embarque sin sentirme tonta. Eso ha sido
complicado, tenía que ir, con mi mochila, mi maleta y mi sudadera en la mano
(había guardado todo lo demás), ponerme delante de la puerta y hacer una foto.
Pero bueno, el que algo quiere algo le cuesta, y yo quería tener la foto, así
que he tenido que soportar esa ridiculez del momento.
Aunque
claro, nada comparado a ir al baño con todo el equipaje. Muy interesante
experiencia, ha debido ser un espectáculo verme meter todas las cosas en el
baño e intentar cerrar la puerta desde dentro, para lo que he empleado unos
cuantos minutos más de lo que sería aconsejable.
Pero
bueno, una vez finalizados todos esos trámites me desearon a pleasant flight
(menos mal) y montamos en el avión. Mi asiento, el 25C. Llego al sitio, y hay
una señora. Nuestro diálogo ha sido así (entre corchetes lo que yo he pensado):
Yo:
Perdone, ¿es este su asiento? [Pues claro que no, sé perfectamente que es el
mío]
Señora:
Sí, es mi asiento.
Yo:
Ehhh…
Señora:
¿Me lo cambias? Por favor, el mío es el 30C.
Yo:
Claro. [¿Esta señora es tonta? Le pregunto que si su asiento es uno, me dice
que sí y luego me pide que se lo cambie. Dioooos. Sonreiré y me iré al 30C]
Y
eso hice. Una vez sentada y visto que uno de los azafatos era conocido mío de
por lo menos uno o dos vuelos anteriores, hemos dado las clásicas vueltas por
Barajas hasta que hemos despegado, la pantalla ha dejado de poner anuncios y he
podido seleccionar mi contenido multimedia. Mi sorpresa ha sido mayúscula
cuando me he dado cuenta de que había capítulos de Phineas y Ferb, uno de los
cuales yo no había visto, en el que creen que Perry ha puesto un huevo. Así que
con mucha alegría he dado comienzo a mi verano en América. Luego también he
visto la peli de “The hangover” (“Resacón en Las Vegas”) y un capítulo de The
Big Bang Theory.
Después
de leer, escribir, comer y esas cosas que se hacen en los aviones por fin
aterrizamos en el Hartsfield-Jackson Atlanta International Airport, en la nueva
terminal, dispuestos a pasar un par de horas en los trámites de inmigración.
Empezamos a ir por pasillos, y pasillos y más pasillos, todos iguales, y estuve
unos 15-20 minutos andando por pasillos con paredes blancas y moqueta azul.
Pero claramente supuso una ventaja cuando no había nada de cola en Foreign Visitors,
cuando en 15 minutos había terminado TODO, maletas, inmigración… vamos, que
estaba ya en la calle. Mi conversación con el policía fue muy interesante
también:
Policía:
Why were you sleeping there in the line?
Yo:
I’m sorry, I hadn’t seen you.
Policía:
What’s the purpose of this journey?
Yo:
I’m on vacation.
Policía:
Hmmm I see… What’s your occupation?
Yo:
I’m a student.
Policía:
What are you studying?
Yo:
Medicine.
Policía:
Oh, I don’t want to meet you in the future while you’re working!
Yo:
Ha Ha… Yeah… That’s true… Ha Ha…
En
fin, un show. Pero el caso es que salí y no había nadie esperándome porque como
había salido tan pronto, pues no les había dado tiempo a llegar. Pero
rápidamente llegaron y montamos en el coche para irnos al Yogurtland. ¡Al
Yogurtland! (A los que os he hablado de esto, sabréis lo que significa para mí
jaja)
Por
fin llegamos a casa y me instalé en mi habitación. Después íbamos a ir a la
piscina o a jugar al tenis, o a hacer algo outdoors… pero empezó una tormenta
increíble, que incluso llamaron por teléfono del servicio de alertas
recomendándonos que no viéramos la tele, que apagásemos el aire acondicionado y
que no hablásemos por el teléfono fijo. Una vez tomadas estas medidas, nos
pusimos a jugar al Rummy a ver si al menos estimulábamos nuestra mente.
Cenamos
pronto, para qué negarlo, pero estábamos prácticamente starving así que no nos
importó. Después de cenar vimos un programa que se llamaba Designer Star o algo
así y que era una especie de reality en el que cuatro diseñadores tenían dos
días para decorar un espacio haciéndolo habitable y poniendo un color concreto
que resaltara. Después de verles llorar, reírse y comprar cosas realmente
cantosas y realmente feas (algunas), y de que uno de ellos se fuera a su casa,
yo estaba al borde del suicidio ya. Así que me duché para quitarme todas las
enfermedades de tránsito internacional que podía haber cogido en mi viaje
transoceánico y antes de las 11 (sí, yo, antes de las 11, me fui a acostar).
Increíble,
pero cierto, mi primer día en América acababa de comenzar.