Ayer fue un día curioso. Lo primero que hice en el día fue ver amanecer en el lago Michigan. ¿Por qué? Porque estábamos durmiendo sin persianas y en Chicago amanece muy pronto, así que ahí lo vi, bien bonito, por cierto.
Luego desayunamos, recogimos toda la casa bajo la amenaza de pagar los 650€ de la fianza y nos despedimos de ella (yo tras sufrir un traumatismo craneoencefálico que me hizo pensar lento durante 3 horas). Después nos metimos en el coche y empezamos a escuchar Harry Potter: libro 4.
Después de mucho rato en la carretera llegamos a Elkhart, un pueblo del norte de Indiana donde estaba el Visitor Center del Amish country. ¿Sabéis quiénes son los Amish?
Los Amish son una gente que, en concreto estos llegaron de Países Bajos a esta zona en 1841. Tienen unas profundas convicciones religiosas que les prohíben utilizar cualquier tipo de tecnología, con lo cual no tienen coche, sino una carreta de caballos; visten raro (con sombrero, camisa y pantalón largo los hombres y las mujeres con un gorro blanco, un vestido de color y un delantal blanco); y sólo con ver a los hombres ya sabías si estaban casados o solteros (si tenían barba estaban casados y si no tenían o tenían una cortita era que no). También aprendimos que las iglesias no tienen bancos y que se lo lleva cada familia de casa si lo quiere, que algunos herejes tienen móvil porque es wireless y lo que no les gustan son los cables y que si les haces una foto les robas el alma. (He de decir que nosotros desalmamos a algunos...)
Así que en el Visitor Center nos dieron un CD gratuito que hacía una ruta por diferentes pueblos que se llamaba Heritage Driving Trail. Pasamos por Middlebury, Shipsewana, Goshen, Nappanee... y comimos en un sitio que se llamaba Essenhaus y donde nos dieron una comida family-style: todos lo mismo. De postre comimos una típica pie (fonéticamente paaaaaaaaaai) y yo me la pedí de custard, y estaba muy buena. Después de ver una reunión de gente que había llevado sus coches históricos nos metimos en el coche de nuevo y continuamos viendo los pueblos de Amish people (incluso vimos un Monster Truck, pero no era de Amish), y después de ver a un Amish guapo en una gasolinera (¿qué hacía allí?) seguimos en el coche durante horas y horas, escuchando Harry Potter.
Todo el mundo estaba dormido (el conductor evidentemente no), pero Enrique y yo, que estábamos despiertos, vimos que a esas horas... ya no íbamos a cenar, así que cogimos una bolsa de patatas del maletero y empezamos a abrirla, silenciosamente, pero fallamos, todo el mundo se despertó y se comieron nuestras patatas: Damn!
Milagrosamente, y más ackwardly que en mi vida, y ahora que lo pienso lentamente me parece increíble que yo fuese capaz de comer algo ahí, paramos a la una y media de la mañana en un Waffle House de mala muerte.
A continuación nos metimos en el coche de nuevo y ¡hala! ¡Hasta casa! Es que vamos, no me parece ni medio normal que hiciéramos 1000 millas en una noche, sin dormir, cogiendo posturas raras de mala muerte también, hasta que llegamos a casa a las 8 de la mañana: ilegal.
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