Ayer nos levantamos y con la fresca (es un decir) fuimos andando long time hasta llegar a la Willis Tower, que es la antigua torre Sears, la torre más alta de Norte América. Vimos una película que nos hablaba de los datos de la torre: mide lo mismo que 283 Obamas y que 262 Michael Jordans, tiene suficiente cable telefónico como para dar la vuelta a América 15 veces y la planta original es un modelo de 9 cigarros colocados a diferentes alturas.
Después de esta demostración de información subimos al piso 103, donde estaba el observatorio. Yo cogí un audioguía, así que un señor y una señora con voz metálica me explicaron las vistas desde los cuatro lados de la torre. Vi una cárcel triangular en el medio de la ciudad, una empresa que había pintado todo su rascacielos de rojo para que destacara entre los demás rascacielos de la ciudad, el hospital donde tomaron escenas de la serie ER (Urgencias) y el edificio más alto del mundo conocido únicamente por la dirección de la calle (además de por sus innumerables motes: "Bart Simpson", "The wedding cake"...).
Lo mejor es que en el lado oeste de la torre hay unos salientes de cristal en los que puedes andar teniendo el vacío bajo tus pies, a 442 metros de altura, y molaba bastante.
Después de hacernos fotos aquí y allá se nos ocurrió ir a comer al Navy Pier, que estaba presumiblemente cerca: ¡ja! Estuvimos horas y horas andando en el calor más absoluto, que casi nos morimos, y llegamos finalmente a comer a un restaurante que se llamaba Margarita Ville, y nos tocó una camarera que se llamaba Jenny y que me hubiera hecho algo de gracia si hubiera tenido un porcentaje ligeramente más alto de agua en el cuerpo: ¡qué tía más pesada! Luego heladito en el Ben&Jerry's, y de nuevo volvimos a caminar hasta casa, near exhaustion también. Es imposible que ese calor sea legal.
En casa descansamos un poco, y luego nos pusimos el bañador y nos fuimos en coche a la playa (playa del lago, sí) y nos bañamos. Agua más fría... no la he visto. ¡Casi nos morimos! Pero bueno, luego pasó lo de siempre, dejamos de sentir las extremidades y no se estaba demasiado mal, así que estuvimos ahí vacilando un rato y haciendo de socorristas (de hecho le tuvimos que hacer el walking assist a Almu, que estaba al borde de la hipotermia), y como empezaban a caer algunos rayos por el horizonte nos salimos del agua. Nos estuvimos haciendo fotos y cuando llegamos al coche, Héctor se dio cuenta de que no tenía el móvil, así que fuimos corriendo hasta la playa, y después de buscar por ahí (sin éxito) y ver el rayo más monumental de mi vida, volvimos al coche. ¡Menos mal que el móvil estaba en casa!
Al llegar a casa, la tormenta se había consolidado, así que apagamos todas las luces (incluso cenamos a oscuras) con la única esperanza de que cayera un rayo en la torre Hancock (que no cayó, peor vimos toda la tormenta, super guay).
Finalmente nos fuimos a dormir, después de más de tres horas cayendo rayos, viendo cómo los relámpagos iluminaban nuestra casa y oyendo de cuando en cuando un trueno, la tempestad dio paso a la calma. Al fin.
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